Falling-over-you-nicholas

♥ Life can be a story of fairies only if you want that to happen ♥

Capitulo |||- primera parte

Héroe

 

La mañana fue como las otras, con la excepción de que Sara hoy se quedaría en casa ya que no tenía trabajo.
La muy gentil se ofreció a buscarme una universidad ya que yo no había contado con tiempo para eso. Cada día con Sara nos hacíamos más y más amigas, salíamos juntas, ella me enseñaba cada día un poco de la cuidad.

-Sarita ya me voy-le dije mientras tomaba mis cosas -de veras no tienes por qué buscarme una universidad, yo lo puedo hacer cuando vuelva.
-Déjame a mí-me pidió
-Sabes que estoy en contra de esa opción, ya has hecho demasiado por mí, algo más superaría los límites.
-Ya, niña. Ve a trabajar
Tal  como Sara lo dijo, me fui a trabajar.
Las primeras horas de trabajo habían sido tranquilas pero con clientes muy exigentes. Me acerque a una mesa con cuatro hombres. De izquierda a derecha eran así: el primero era moreno con el pelo corto de color café oscuro y los ojos marrones; el que le sigue se notaba un poco menor que el anterior, llevaba la misma ropa de empresario al igual que todos los de la mesa. Este tenía en cabello corto y con bastantes rizos, de un café chocolate,  unos ojos cafés claro que no pudiera despegar la mirada de ellos, un color de piel pálido y unos llamativos labios carnosos. Con tal descripción que le hice se notaba que había logrado capturar mi atención; el tercero de los hombre tenía el pelo liso y con una melena, este no me llamó para nada la atención por lo que no le observé tanto como el anterior; y por último se encontraba un hombre rubio y con ojos claros, una piel pálida al igual que el otro hombre, sus ojos captaron al tiro mi atención y su vista recorrió todo mi cuerpo.
Sin más demora me acerqué con cuidado a la mesa donde se encontraban aquellos caballeros que tanto había examinado.
-Hola, ¿qué desean? -los cuatro hombre me quedaron mirando, pero yo me fijé en el de rizos, su mirada no se desviaba de la mía y seguía con los ojos todos los movimientos que hacía. Vi cómo recorrió mi cuerpo con su mirada, pero no me molestó, sentía una atracción por él que le dejé que continuara. Noté que se comenzaba aponer rígido y con una postura extraña, no le di mucha importancia a aquél detalle y continué con mi deber como mesera, no debía hacerme ilusión, ya que probablemente no le volvería a ver jamás.
-Señores, ¿algo que pedir?-volví a preguntar ya que ninguno respondía.
-Una cerveza para todos-mencionó el primer hombre que describí.
-¿Se les antoja algo más?-en esta pregunta desvié los ojos del aquel hombre para mirar con detención a cada uno de los que se encontraba en la mesa.
-Y lo que hay de menú para todos, por favor.-musitó el tercer hombre.
-Ok, ya vuelvo con sus pedidos-les dediqué una sonrisa al marcharme
Me dediqué a observar a los hombre cómo comían. Pero me aseguraba de no mirarles todo el tiempo, así que fui a ver las otras mesas. Preguntaba si necesitaban algo o lo que se me ocurriera.
Me acerqué a hablar con Stephenie ya que ninguna de las dos estaba con trabajo. Pero cuando iba hablar ella me dijo que me llamaban de la mesa cinco, donde se encontraban aquellos hombres empresariales.
Fui hasta la mesa, me instalé cerca del hombre rubio y les pregunté qué necesitaban.
-Deseamos un postre-dijo el primer hombre.
-¿Qué tipo de postre desean?-les pregunté.
El hombre rubio me respondió-¿no hay ninguno como tú? Me refiero a uno contundente y con forma, como lo eres tú-el hombre rubio comenzó a pasar su mano por mi pierna.  Para luego posarse en mis glúteos y darles un pequeño golpe.
Rápidamente el hombre que tanto llamó mi atención se paró de su silla y caminó velozmente hacía mi puesto. Me rodeo con una mano al cintura y me alejó del hombre rubio. Yo estaba petrificada, sentí cómo la sangre huyó de mi rostro y cómo las piernas me temblaban.
-¿Qué crees que haces Frank?-le dijo mi héroe al rubio.
-Inspeccionaba terreno, amigo. Y déjame decirte que está en perfectas condiciones -dijo haciendo un guiño con el ojo.
-¿Cómo se te ocurre, desgraciado?-lo levantó con una mano de su puesto y le dio en combo en la cara.
Los demás hombre de la mesa se pararon de inmediato para controlar la situación, la gente que se encontraba comiendo en otras mesas se volteaba a ver el espectáculo y yo no hacía nada, mi cuerpo no respondía a nada.
El primer hombre agarró a mi héroe sin nombre y lo alejó del aquél repugnante  rubio. El  tercero se encargó del que me atacó. Los dos pegaban puñetazos al aire intentando que les llegara a su oponente. El rubio se tranquilizó y mi héroe le siguió.
El de cabello con rizos- mi héroe- me quedó mirando con una mirada tan acogedora que me sentí segura al instante, pero las lágrimas ya habían empezado a caer por el terror del otro hombre que compartía la mesa con él.
Billy llegó a los pocos minutos y les pidió a los hombres que por favor desalojaran el local. Mi héroe hizo lo que Billy les pidió, pero sin despegar la mirada de mi rostro.
Mi jefe de inmediato se acercó a mí y me dio media vuelta para caminar en dirección a su oficina, inconscientemente mientras caminaba en dirección a la oficina de Billy volteé  la mitad  de mi cuerpo para encontrarme con la mirada de él, pero era tarde, sólo alcancé a distinguir su perfecta y trabajada espalda.
Mi di la vuelta y repentinamente estaba sentada en la silla de la oficina de mi jefe.
-Lamento mucho esta situación. ¿Te encuentras bien?
Intenté sonar lo mejor posible pero no funcionó del todo-Si-le dije con la voz temblorosa
-Es mejor que te vayas a tu casa y vuelvas mañana...- el hombre que creí que era un sinvergüenza se comportaba de manera amable. Sí que me debería sentir mal para pensar eso.
-Claro, volveré mañana. Gracias-le dediqué una sonrisa forzada ya que seguía como en estado de shock, pero más era que estaba concentrada en la imagen de mi mente de aquél héroe.

Salí del local y camine un rato para poder aclarar mi mente. ¡No podía comportarme como una adolecente! Me estaba dejando llevar por emociones estúpidas. Era imposible que lo volviera ver alguna vez en mi vida...

Capítulo II

                                                                   Trabajo

Esa noche fue sensacional con respecto a las anteriores, pude dormir toda la noche. Unos rayos de sol que entraban por el hermoso ventanal hicieron que saliera de mis tan cálidos sueños y volviera al mundo real.
Me desperté con la idea en mente de que hoy sería un largo y duro día lleno de cosas. Necesitaba conseguir un empleo, hacer compras para la semana y no sé, si me alcanzaba el tiempo pretendía salir a explorar un poco la ciudad.
- Helen, Buenos días. Espero que hayas pasado una buena noche.-me dijo cuando me vio entrando a la cocina donde ella se encontraba.
- Dormí perfecto, la cama es muy cómoda, debo admitir. ¿Qué tal tu noche? -pregunté mientras tomaba un taza de café.
- Normal...  cuéntame, qué tienes planificado para hoy.
- Conseguir un empleo, en primer lugar. Comprar algunas cosas para la cena o la semana, ahí veré y si es que cuento con tiempo salir a recorrer la cuidad... tú, ¿qué tienes para hoy?
- Ir al trabajo- rápidamente mi cara fue de confusión, ya que no sabía el empleo de Sara- donde me encontraste ayer- me explicó al ver la expresión de mi rostro.- Eso yo creo que me llevará todo el día, estaré de vuelta como a las diez de la noche, después del trabajo quiero pasar a comprar ropa.
- Ok, creo que coincidiremos en los horarios. Tengo harto que recorrer-
- Entonces nos veremos en la noche, se me está haciendo tarde.- iba diciendo mientras tomaba su bolso y se acercaba a la puerta para largarse- Te dejé una copia de las llaves encima de la mesa del comedor. Adiós, Helen- cuando iba a responder a su comentario me di cuenta de que ya era demasiado tarde, Sara probablemente ya estaba en el elevador.
Terminé mi café y me dirigí al baño por un relajante ducha caliente.
Al terminar todo lo que debía hacer antes de partir mi día tomé mi bolso un par de jugo en cajita y me fui en busca de trabajo.
Pasé por varios lugares y en ninguno pareciera que les gustara, hasta que recordé que en el restaurant que fuimos ayer con Sara se buscaba alguna persona que pudiera trabajar como mesera. Recordé las calles donde se encontraba el restaurant y en un taxi me fui al local... como lo esperaba el lugar estaba lleno, fui directo a la caja para preguntar por el anuncio. La chica que había ahí me dirigió a la oficina de lo que sería mi primer jefe si es que tenía suerte.
Un hombre de unos treinta años aproximadamente me recibió, se presentó con el nombre de Billy Roberts.
-Helen Stewart, un placer- dije lo más educada posible mientras estrechaba su mano.
- Un chica linda y joven buscando empleo, dime, a qué se debe esto-preguntó comenzando con el interrogatorio enseguida.
- Gracias, bueno principalmente es para pagar la universidad y la cuota del departamento -le dije honestamente.
-Interesante, ¿por qué crees que deberías conseguir el trabajo?
La verdad es que no carecía con ningún don para llevar platos, pero si quería el empleo tenía que parecer que si contaba con ello- tengo buen desarrollo con la gente, me gusta hacer el trabajo lo mejor que puedo, tengo brazos fuertes como para llevar una bandeja con hartos pedidos-este últimos era una completa falsedad, era tan débil que había veces no podía romper hasta el envoltorio de un dulce -y varios talentos más que descubrirá si es que me da el empleo.
- ¿Siempre eres tan linda al hablar? -quedé sorprendida, un hombre mucho mayor que yo me estaba alagando, aunque la idea de él como pareja mía me resultaba repugnante no evitó que me sonrojara.- Que va, ya tienes el empleo...- mencionó parándose de su gran silla para felicitarme con un abrazo- ¡Bienvenida!
-Gracias, gracias. No sabe cómo se lo agradezco- murmuré mientras le correspondía en abrazo

Billy Roberts insistió en conocerme más y después de varios pedidos a que me quedara a almorzar con él, acepté.  Me llevó en su carro Mercedez Vens  a un restaurant con una fachada increíble.  La comida surgió en forma normal, dejé que el hombre se enterara de cosas de mi vida pero nada importante, procuré ser respetuosa y sonreír en los momentos adecuado. Aunque él se moría por conocerme más a fondo fui yo la que hizo la mayoría de las preguntas y escuchaba más que hablar. Una vez que terminamos de comer el postre Billy me llevó de vuelta a su restaurant y lo que ya era mi nuevo lugar de empleo, porque le dije que necesitaba hacer una compras por ahí cerca, asique no hubo inconveniente en que me dejara en ese lugar.
Acordamos que mañana martes sería mi primer día de trabajo y que si necesitaba cualquier cosa no dudara en llamarle.
Pasé por un supermercado que estaba en la avenida en la que me encontraba. Compré varias frutas ya que en la que había alcanzado a conocer a Sara me había mencionado que era una gran fan de las frutas dulces al igual que yo. Unos cuantos alimentos para la semana y ya estaba lista con las comprar.
Como el sol seguía iluminando radiantemente la tarde fui a explorar un poco la cuidad. El territorio en donde me encontraba estaba principalmente rodeado por altos edificios empresariales. Seguí caminando y tras algunos metros encontré un parque casi vacío. Ahí me senté a descansar por unos minutos, pero el tiempo voló y cuando salí de mis pensamientos la noche ya había caído. Perdida totalmente en esa ciudad en la que sólo llevaba un par de días  me empecé a asustar, mis nervios comenzaron a tomar el control de mi cuerpo, antes de que ganaran completamente corrí a un gabinete de teléfono público y marqué el número de la casa de Sara -Sara me había obligado a memorizar el número por cualquier emergencia-
-¿Dónde estás?, ¿Estás bien?, ¿Te pasa algo?, ¿Necesitas que te pase a buscar?-preguntó exaltada apenas contestó el teléfono.
-Tranquila estoy bien, es sólo que estoy un poco perdida. ¿Podrías venir a recogerme?  -odiaba tener que preguntarle eso, habría preferido yo misma llegar al departamento sola a que Sara tenga que venir a buscarme, pero desafortunadamente me encontraba totalmente perdida y no sabía dónde quedaba el departamento de mi amiga.
Le di las calles de donde se encontraba el parque y en unos quince minutos distinguí el auto de mi amiga que se aproximaba a toda velocidad por la calle desierta. Le hice señas con los brazos para que me viera y redujera la velocidad.
Aparcó el auto justo en frente mío.
- Sube al auto-dijo mientras se estiraba para abrir la puerta del copiloto.
-Yo..., este..., de veras lo siento mucho.
-No te preocupes. Ya estás bien.
Lo más sincera que pude le dije-no me interesa el hecho de que esté bien, lo que me preocupa es que creo que soy una carga demasiado grande. Me siento como una niña que depende de su madre, y no quiero que tú tengas que estar pendiente de mí todo el tiempo. Yo me siento mal.
-Helen, Helen. Para mí es un honor tenerte, no sé cómo explicártelo...-hizo una pausa, mientras ya estábamos camino a su departamento-, si es que lo ves como que te tengo que cuidar, pues me gusta. Me agrada estar contigo, es un sentimiento que no había sentido nunca antes por lo que no te lo puedo explicar de la mejor manera.
-pe...
me interrumpió y siguió con sus palabras-por favor no pienses que eres una carga o una molestia. Eres todo lo contrario-se volteó a verme con una sonrisa en su rostro.
Yo nunca había tenido una amiga verdadera, como lo era Sara, nunca... Me hacía tan feliz la idea de que ella sintiera cosas así por mí que las lágrimas comenzaron a brotar rápidamente por mis ojos para correr por mi cara y finalmente una gota callera para aterrizar en mis manos que se encontraban reposando en mi regazo.
-¿Qué, dije algo malo?-Sara preguntó aterrada por mi expresión.
-No, todo lo que dijiste fue maravilloso. Yo... nunca había tenido a una amiga como tú y me da mucha alegría tenerte
Estuvimos  todo el camino hablando de cómo nos sentíamos con nuestras presencias y parte del tiempo que Sara preparaba la cena ya que yo no sabía cocinar, nunca en mi vida lo había hecho. Asique yo me dediqué a poner la mesa.
-¿Cómo te ha ido hoy en el trabajo?- le pregunté interesada
-Bien, bastante clientela. ¿Ya conseguiste empleo?
-Si-murmuré
-Oh! Cuéntame
-Ok, es en el restaurant que fuimos a comer ayer por la noche.
-¿Y el jefe, cómo es?
-¡Un sinvergüenza! Insistió en conocerme más, asique me llevó almorzar. Luego me dijo unas palabras como: ¿siempre eres tan linda al hablar? -me comencé a poner un poco nerviosa, por lo que las palabras comenzaron a salir rápidamente de mi boca- Lo peor es que, vamos, si tuviera unos años menos, ¡bien! ¡Pero es  un viejo! Tiene como treinta y yo tan solo diecinueve
-Hahahah, con que esa clase de jefe te tocó. Agradece que no sea uno de esos jefes que en la primera que te ve quiere llevarte a su departamento, el anterior mío era así.
-¡Asco!-dijimos a coro. Lo que siguió de eso fueron risas y más risas.

La mañana llegó. Me desperté y fui directo al baño para tomar una ducha. Con Sara la noche anterior sólo sirvió para volvernos amigas más intimas. Ella era la que me ayudaría a elegir el atuendo de mi primer día de trabajo.
Cuando salí del baño mi amiga estaba viendo mi ropa junto con la de ella para ver que es lo que me podía poner.

-¿Y este vestido rojo?
-¿Puede ser algo más tapado?, no quiero que mi jefe llegue a ser lo que el tuyo fue...
-Hahaha ok. Entonces pantalones.
-Mucho mejor
-Pruébate estos-me lanzó unos pantalones al baño. Era genial, teníamos exactamente la misma talla, lo único que nos diferenciaba con Sara era la edad, ella era un año mayor que yo.
-¡Perfecto!-grité del baño
-¡Pero déjame ver!-me obligó.
Salí del baño y me di una vuelta para que pudiera ver el jeans.
-Creo que tengo una blusa blanca que puedo ocupar con este.-le di la idea
  Alrededor de una hora estuve probándome la ropa que Sara elegía. Por lo que nos decidimos fue unos jean pitillos  con una blusa de vuelitos, lo único que no me agradó, fue que la blusa contaba con un escote bastante pronunciado.

Toqué la puerta de la oficina de Billy Roberts
-Adelante-respondió este con tono empresarial.
-Permiso-murmuré tímida.
-Me alegra que hayas venido. Hoy te ves muy bien-dijo mirando mi escote.
La situación me empezó a molestar asique rápidamente le hice cambiar de tema.
-Me mostrará usted el lugar... -¡ya era suficiente, tenía que aguantar que mirase mi escote y ahora el desgraciado se lo ocurría interrumpirme!
-Trátame por favor de Billy.
-Me incomoda un poco llamarle así.
-No, por favor, insisto- para que no siguiera con su pedido, le dije- ¿tú me mostrarás el lugar o una de tus empleadas?
-Prefiero hacerlo yo-respondió pícaramente. Se acercó para tomar mi mano, pero yo rápidamente la aparté de su alcance  y me alejé de él. Al perecer Billy notó mi comportamiento-Tranquila, no muerdo.
-Hehehe- solté una risa nerviosa.
-Ok, partamos. Este es el bar y este... -así me enseñó todo el lugar y al final le dijo a una chica llamada Stephenie que estuviera a cargo de mí el resto del día y la semana.
 El uniforme del trabajo era un pantalón negro y una camisa blanca-también con un escote-.
Miré cómo Stephenie atendía unos clientes, después de ver el proceso unas cuatro veces decidí intentarlo yo.
Stephenie me dijo que necesitaba tener cuidado con algunos clientes ya que algunos eran muy aprovechadores y que la mayoría te llamaba "preciosa o amor".  Me acerqué tímidamente a una mesa con tres hombre con ternos y muy elegantes.
-Hola, ¿puedo ayudarles en algo? -saqué una libretita que llevaba en el bolsillo y un lápiz.
-Queremos tres bebidas y dos porciones te patatas fritas para acompañar- ordenó un hombre con cabello rubio.
-Para mí una cerveza- dijo el hombre a su derecha.
-Ok, ¿eso es todo?- pregunté igual de tímida.
-Si-
Por lo menos estos clientes se habían comportado bien, lo único que espero es eso no cambie.

La tarde se desarrolló de manera normal, no hubo ningún inconveniente y no me había equivocado en ningún pedido. Billy me observó gran parte de mi jornada laboral, según yo, estaba inspeccionando cómo era en el trabajo. Por suerte le di una bueno impresión, eso creo.
Ya eran las seis de la tarde, asique fui a cambiarme de ropa ya que mi turno había terminado.
Cuando estuve lista fui a la oficina de Billy para saber qué opinaba de este primer día.

-¿Eres tú, Helen?- me preguntó al sentir mis golpes en la puerta.
-SI, soy yo
-Adelante, siéntate, ponte cómoda- me dirigí a una de las sillas y me senté. Le dediqué una sonrisa para que continuara-Te estuve observando y me pareció que desempeñas un trabajo ejemplar, ojalá hubieran más Helen en el mundo, no?-no quise responder a ese comentario ya que no lo sentí necesario- Bueno, sólo quería decirte eso. Que tengas una buena tarde.
-Me levanté del asiente y me dirigí hacia la puerta- Adiós-le dije



Continuar leyendo...

Capítulo 1- Volver a empezar.

Nunca me sentí  parte de esa familia, nunca fui la gran cosa de aquella y nunca me sentí tan querida por esa familia, sin duda esa fue la gota que rebalsó el vaso...
Hice el esfuerzo por recordar los buenos momentos que pasé con ellos pero no funcionó, ya me habían destrozado completamente. Unas simples palabras -que no pretendo volver a repetir- provenientes del hombre que probablemente más odio en estos minutos me quebraron y me trituraron una y otra vez, no existía ninguna cura que me ayudara a olvidar las palabras. Pensé que podía llegar a compartir con ellos, ideé al menos cinco planes para poder encajar ahí, pero ni siquiera  eso funcionó, yo no era la hija perfecta y mucho menos la amada... ese puesto lo ocupaba sin duda alguna Gabriel, el lindo hermanito que toda la familia amaba, el mimado, el que todo el mundo comprendía sin ni una duda..., nada en él podía salir mal todo era perfecto. No me molestaba que fuera él a quien mimaban más o comprendían lo que me mataba fuera que ni una vez yo podía ser la importante, nada de mis logros les interesaba, Nada.
Claramente no iba a soportar un minuto más con aquellas personas que ya ni me atrevía a llamarles familia, asique tomé algunas maletas que estaban cerca y comencé a poner dentro toda la ropa que había en mi armario, una vez que toda la ropa se encontraban en las maletas me dirigí al baño, lo vacié completamente, tomé por último la plata que tenía en mi mesita de noche y mi pasaporte. Pensé que ya tenía diecinueve años por lo que me podía cuidar sola, asique tomé mis cosas y me largué de esa tan fría casa.
No contaba con mucho dinero, por lo que no me alcanzaba para ir a un hotel, asique opté por lo más barato que había, un motel llamado "Cascada de Amor"-estúpido- fue lo primero que pensé en leer el nombre de lo que debería ser mi hogar por una noche.
Una pequeña campanilla había en la puerta para marcar la entrada de cada persona a la recepción -si es que era digno de llamarse así-, un mujer vestida con una blusa que hacía que resaltara sus pechos se encontraba en una mesita.
-Bienvenida- dijo mascando chicle
- Hola- me limité a decir
-¿Por cuánto se quedará? Tengo promociones para la habitación: "Placer" si viene acompañada-
-No, no, no -aclaré- vengo sola. Preferiría una habitación mas bien, barata
-Perfecto corazón- dijo salpicando saliva en mi cara- necesito tus nombre para ingresarte ¿Cómo va a pagar?
Me limpié el labio inferior con el dedo índice por la saliva salpicada de la mujer -Helen Stewart, efectivo- respondí en el orden que la señora me había preguntado
- Aquí están las llaves corazón- dijo mientras recibía mi dinero.- Yo soy Janet, sólo toca la campana que va haber en tu habitación si necesitas algo, el desayuno se lo llevaré a la habitación mañana a eso de las nueve de la mañana -me dirigió a lo que sería mi habitación- Tenga una buena noche -dijo como un adiós.
Acomodé mis maletas en un rincón. La habitación contaba con una cocina, un pequeño baño y una cama acomodada junto la pared. Estuve ahí en la cama mirando el techo blanco cubierto mayor parte por hongo, bastante tiempo, luego comencé a pensar qué es lo que haría para sobrevivir, hasta que recordé la plata que había ahorrado para la universidad, era mucha plata, debía admitirlo, quería estudiar en una de las más caras universidad. Quizás si es que trabajaba podría recuperar lo que perdería al sacar ese dinero.

Unos rayos de sol me despertaron por lo que probablemente debería haber dormido un par de horas, la última vez que había mirado la hora en mi celular entes de que se descargara por completo -genial, ¿no?- eran las seis de la mañana... sentí unos golpes en la puerta y rápidamente pensé en lo que Janet me había dicho: "a eso de la nueve de la mañana le traeré el desayuno".
Vi una bandeja en el suelo del pasillo y la recogí. Traía un panecillo y un té junto con algunas cosas para acompañar el panecillo. No había comido desde el día anterior, pero no tenía hambre, deje la bandeja intacto sobre la cama, tomé todas mis cosas y me marche con destino al Banco; un plan tenía en mente...
Hice todo lo que tenía que hacer para poder salir del país y a eso de las cuatro de la tarde iba en un avión con destino a Los Ángeles. Había ido con suerte dos veces -y de pequeña- en mi vida a esa ciudad... Por suerte recordaba algunos sectores en los que solíamos albergarnos - en una alta clase social, para decir-. Ahí encontré unas habitaciones baratas que se arrendaban, le sacaban mucha ventaja a la habitación del motel en que me había quedado la noche anterior. Sara Wells se encontraba en la entrada del edificio; al verme dijo con un pequeño grito -¡mamá te buscan!-
-Hola- dije amablemente y acomodé mis maletas junto a mi
- Sara Wells, un gusto -mostró una sonrisa reluciente-
- Oh, que descortés. Helen Stewart, el gusto es mío- la chica al instante me pareció muy simpática, se mostraba con clase, eso me agradaba ya que yo venía una familia con bastante dinero. Se notaba de misma edad, quizás un poco mayor que yo. Su pelo negro le llegaba un poco mas debajo de los hombros, unos ojos verde claro hacían que mi mirada no pudiera despegarse de la de ella. Con una rápida mirada inspeccioné su ropa, marcas muy caras se distinguían en estas, probablemente las  mismas que yo llevaba en mi maleta.- Mi madre ya viene- dijo sacándome de mis observaciones.
-No hay problema- respondí bastante relajada
- Cuéntame, qué hace una chica como tú en un lugar para arrendar habitaciones- preguntó interesada
-Problemas, todo es por problemas...- mi respuesta fue más bien como una queja según como mi voz sonó. De repente una voz femenina se hoyó por dé tras de una puerta -Sara, hija, podrías atender tú, estoy ocupada- La chica con una rápida respuesta afirmó que podía realizar el trabajo
-Ok, veamos- dijo hablando para si misma- ¿Helen Stewart, cierto?
-Si - las piernas me comenzaron a temblar y fue cuando me di cuenta de que era por hambre, no había comido en mas de veinticuatro horas, eso para mí es casi imposible, mis horarios de comida era cada cuatro o cinco horas, estar más de eso sin comer era casi imposible. Me comencé a marear y la recepción parecía que no dejaba de dar vueltas
- ¿Por cuánto te quedarás Helen?- al levantar la vista para ver mi respuesta se dio cuenta de mi aspecto, rápidamente me pregunto si me encontraba bien yo hice el mayor de los esfuerzos para permanecer parada y lo logré. No me gustaba dar lástima a la gente asique lo respondí que me encontraba bien pero ella se dio cuenta de que mentía por lo que sacó una de las llaves que estaban colgadas a su espalda y me condujo hacia una puerta.
Me sentó en una cama mucho más grande que la que había dormido la noche anterior y me dio un vaso de agua.
-¿Cuando decías que estabas aquí por problemas te referías a que estabas esperando un hijo, verdad?- me preguntó mientras acariciaba la espalda con una mano y yo tomaba un trago del vaso de agua.- Lo supongo ya que tu mareo fue igual al de una persona con esas condiciones-
- Oh no, tendré que adelgazar, ¿tan gorda luzco?- le pregunté con cierto tono de gracia
- No, no. Lo siento no quise decir eso, lo siento- respondió apenada.
- No te preocupes, el problema es que no he comido hace bastantes horas... y no estoy acostumbrada. Pero ya me siento mejor, gracias por traerme aquí
- Esta será tu habitación, cuando te sientas mejor me dices por cuánto tiempo te quedaras, ¿te parece?-
-Yo creo que será un largo tiempo, como veras, no cuento con empleo como para poder pagar la universidad y el departamento al mismo tiempo -dije mientras me incorporaba lentamente.
- Ya veo-mostró una cara de comprensión.- Sabes nos conocemos hace prácticamente la nada de tiempo, pero te ofrezco mi departamento como hogar, vivo sola asique una compañía no me vendría nada de mal-.
- No, no podría. Agradezco tu oferta, pero no quiero ser una molestia para ti.- suspiré- Yo me las arreglaré-.
- Vamos, estarás mejor en compañía que sola, dijiste que no contabas con empleo, yo te puedo ayudar en eso..., ven conmigo. Estarás mejor -dijo convenciéndome. Lo pensé rápidamente y la oferta sonaba tentadora, no me pude resistir mucho asique acepté.
- Sara, tienes en frete tuyo a tu nueva compañera de departamento -le comenté felizmente.
-Me alegra. Ahora, venga, llevemos tus cosas a mi departamento, no se encuentra muy lejos.
Sara le dejó una nota a su madre en la recepción, me llevó a su auto -lujoso- y condujo al departamento.
-Lo pasaremos genial, estoy segura- murmuró Sara
-De eso no hay duda, lo que pe preocupa es cómo iré hacer para pagarte el departamento-no mentía. Nunca me gustó depender de la gente y aunque estuviera en una situación crítica iba a llegar a ese punto- Helen, no hay de qué preocuparse. Lo resolveremos juntas...-
En ese momento me largué al llanto, estaba asustada, no conocía nada ni a nadie en esta ciudad. Me sentía desprotegida y sola. Un montón de preguntas pasaban por mi mente y no tenía ninguna respuesta clara ante ellas - Tranquila Helen, lo solucionaremos junta, no hay nada de qué temer- repetía Sara a mi lado mientras aparcaba el auto a un costado del edificio donde se probablemente se encontraba su departamento.
- Gracias -dije en sollozos- Gracias, sentí no se qué es lo que haría - las lágrimas habían dejado de caer con tanta rapidez, ahora su ritmo era un mucho más pausado- No tengo a nadie aquí ni en ¡ninguna parte!, estoy completamente sola... sin nadie -las lágrimas retomaron su ritmo anterior para ahora salir con más fuerza y hacerme sufrir -
- Ya, ya tranquila - mi compañera intentaba consolarme con sus alentadoras palabras pero no eran suficientes- Subamos al departamento y ahí me cuentas todo, ok?
No le respondí pero mi siguiente acción fue lo mismo que un "sí". Bajé del auto con ayuda de Sara que me sujetaba con una mano el brazo y con la otra se volteaba levemente para ponerle seguro al vehículo. Un recepción gigantesca nos esperaba - Buenas tardes señorita Wells- nos recibió un hombre canoso y que según cómo trato a mi amiga se notaba que ya llevaba un buen tiempo trabajando en el edificio.
- Hola, Marcos -
El caballero me quedó mirando por unos minutos mientras cruzábamos la recepción, yo sólo le dedique una sonrisa para no parecer grosera-
El elevador nos llevó rápidamente al séptimo piso, el departamento 703 era el nuestra... cuando entramos a la magnífica habitación las lágrimas ya habían cesado, tanto que ya no corrían por mis mejillas mojadas.
-Woow, tu departamento es hermoso-dije impresionada mientras caminaba en dirección a un ventanal que reflejaba una maravillosa vista  -Gracias, ya sabes, decoración de madre-
-Hahah si, lo entiendo- murmuré
- Ahora, ¿me contarás qué es lo que sucede? -me preguntó interesada. Quería contarle qué era lo que realmente pasaba, pero en estos momentos lo único que quería olvidar, asique le hice saber mi opinión en forma de pregunta - ¿Y si lo dejamos para otro día? - al ver que los segundos pasaban y que Sara no me contestaba le especifiqué el por qué- me siento agotada, en estos minutos no creo que sea capaz de contarte todo con detalle, y me gustaría hacerlo así. Asique, ¿qué tal si ahora nos relajamos y no lo sé, es tu casa, qué es lo que podemos hacer? - Le pregunté de manera que pudiera evadir un poco el tema
- Ok, lo primero que aremos es dejar tus cosas en la habitación y luego salir a cenar porque te vez con hambre- la idea era genial por lo que acepté rápidamente - me parece genial, ¿hay algo en lo que te pueda ayudar?
- Cargar tus maletas estaría bien, no sé cómo pudiste andar tu sola caminando con estas dos cosas pesadas-
Era cierto lo que decía, las maletas estaban pesadísimas, ni yo era conocedora de cómo había cargado con ellas.
El departamento según a primera vista contaba con más de 350 m2; caminamos por un pasillo largo donde cada cierta distancia aparecía una puerta. La mía era la última a la derecha, qué puedo decir de ella, ¡era fabulosa!: en balcón decorado con algunos sillones y mesa de centro se encontraba en el extremo derecho para que en el izquierdo fuera ocupado por unas sillitas playeras. Contaba con mi propio baño que tenía un yacusi y una ducha individual -lógico- un espejo que hacía juego con el inodoro. Un closet room estaba con ropa hasta la mitad, Sara me explicó que su closet se había hecho muy pequeño para toda su ropa, por lo que tuvo que ocupar parte de este. Una cama de dos plazas cubierta por un plumón de plumas blanco le daba un toque sencillo pero a la vez elegante.
- Me encanta - murmuré a mi amiga
- Genial, aunque lo siento mucho por la ropa -me comentó apenada
Me quedé sorprendida al ver que se disculpaba por tener ropa en un armario que sería el mío- Pero qué estás diciendo, no tienes que disculparte por nada. Este es tu departamento y tienes derecho a hacer lo que quieras en él-
- Puede ser, pero no lo sé. ¿Sabes algo que me haría sentir mejor? - me preguntó emocionada.
Con la misma emoción que ella había utilizado le respondí - ¡¿Qué?!
-No quiero sonar patuda, pero según cómo estas vestida me dice que tienes unos gustos muy refinados y aparte parecido a los míos. Un compartimiento de ropa no nos vendría mal... 
-¡ Ahhh!- puse a gritar igual que una niña- Genial, genial, genial. Me encanta la idea- y sin perder más tiempo corrí a ella para abrazarla. Me seguía preguntando cómo una persona que conoce recién a otra puede quererla en tan escasos minutos.
Un gruñido de mi estómago nos apagó todo el momento- Hhahaha - reímos al mismo tiempo
- ¡Es mejor que vallamos a un restaurant en este instante!
Así fue como lo hicimos, fuimos a un restaurant bastante conocido por cómo llegaba la gente a montones. El ambiente era muy refinado y la mayoría de las personas que asistían eran grandes empresarios según lo que me decía Sara.
Después de estar un par de horas conociéndonos y hablando de cada tema un poco, decidimos que pagaríamos la cuenta entre las dos; aunque me negué varias veces a esa opción. Encontraba que era una frescura aprovecharse así de una persona, pero ella era lo mejor del mundo, sin duda mi mejor amiga, más grande que las de la infancia...




PRIMEEER CAPÍTULOOOO!!
ESPERAMOS QUE LES HAYA GUSTADO, NO SE PREOCUPEN , MUY PRONTO SALDRA NICK!!!!!
¿UN POCO LARGO? HAHAHAH BUENO, PARA QUE LO DISFRUTEN!!
COMENTEN PARA SABER SI LES GUSTO Y PODER CONTINUAR LA NOVE
CARIÑOS A TODAS, LAS QUEREMOS.
XOXO
CATA Y JAVI

Bienvenido a metroBlog!

Esta es la primera entrada de tu metroBlog. Puedes modificarla y escribir tu contenido, o simplemente borrarla.

Quienes somos?

Hello! We are Javiera y Catalina pero nos pueden decir Javii y Cataa, Somos exactamente las mismas de Give love a try, haci que si quieren conocer mas sobre nosotras vallan ahí :) http://give-love-a-try-nickytu.metroblog.com/ Bueno esperamos que disfruten la novela que hicimos con mucho cariño para ustedes :) Si quieres conocernos mas de cerca agreganos JaviiyCataa@hotmail.com responderemos cualquier duda, pregunta, peticion, reclamo, sugerencia, agradecimiento todoo! :D Les pedimos por favor que comenten mucho :D hahhaha ojala les guste tanto como a nosotras!

Gracias por leer :D

 


Con mucho cariño..

 

♥♥ Javii y Cataa ♥♥

Nicholas ♥

Nicholas ♥

Kevin ♥

Kevin ♥

Joseph ♥

Joseph ♥

Miley ♥

Miley ♥

Demi ♥

Demi ♥

Taylor ♥

Taylor ♥

Selena ♥

Selena ♥