Nunca me sentí parte de esa familia, nunca fui la gran cosa de aquella y nunca me sentí tan querida por esa familia, sin duda esa fue la gota que rebalsó el vaso...
Hice el esfuerzo por recordar los buenos momentos que pasé con ellos pero no funcionó, ya me habían destrozado completamente. Unas simples palabras -que no pretendo volver a repetir- provenientes del hombre que probablemente más odio en estos minutos me quebraron y me trituraron una y otra vez, no existía ninguna cura que me ayudara a olvidar las palabras. Pensé que podía llegar a compartir con ellos, ideé al menos cinco planes para poder encajar ahí, pero ni siquiera eso funcionó, yo no era la hija perfecta y mucho menos la amada... ese puesto lo ocupaba sin duda alguna Gabriel, el lindo hermanito que toda la familia amaba, el mimado, el que todo el mundo comprendía sin ni una duda..., nada en él podía salir mal todo era perfecto. No me molestaba que fuera él a quien mimaban más o comprendían lo que me mataba fuera que ni una vez yo podía ser la importante, nada de mis logros les interesaba, Nada.
Claramente no iba a soportar un minuto más con aquellas personas que ya ni me atrevía a llamarles familia, asique tomé algunas maletas que estaban cerca y comencé a poner dentro toda la ropa que había en mi armario, una vez que toda la ropa se encontraban en las maletas me dirigí al baño, lo vacié completamente, tomé por último la plata que tenía en mi mesita de noche y mi pasaporte. Pensé que ya tenía diecinueve años por lo que me podía cuidar sola, asique tomé mis cosas y me largué de esa tan fría casa.
No contaba con mucho dinero, por lo que no me alcanzaba para ir a un hotel, asique opté por lo más barato que había, un motel llamado "Cascada de Amor"-estúpido- fue lo primero que pensé en leer el nombre de lo que debería ser mi hogar por una noche.
Una pequeña campanilla había en la puerta para marcar la entrada de cada persona a la recepción -si es que era digno de llamarse así-, un mujer vestida con una blusa que hacía que resaltara sus pechos se encontraba en una mesita.
-Bienvenida- dijo mascando chicle
- Hola- me limité a decir
-¿Por cuánto se quedará? Tengo promociones para la habitación: "Placer" si viene acompañada-
-No, no, no -aclaré- vengo sola. Preferiría una habitación mas bien, barata
-Perfecto corazón- dijo salpicando saliva en mi cara- necesito tus nombre para ingresarte ¿Cómo va a pagar?
Me limpié el labio inferior con el dedo índice por la saliva salpicada de la mujer -Helen Stewart, efectivo- respondí en el orden que la señora me había preguntado
- Aquí están las llaves corazón- dijo mientras recibía mi dinero.- Yo soy Janet, sólo toca la campana que va haber en tu habitación si necesitas algo, el desayuno se lo llevaré a la habitación mañana a eso de las nueve de la mañana -me dirigió a lo que sería mi habitación- Tenga una buena noche -dijo como un adiós.
Acomodé mis maletas en un rincón. La habitación contaba con una cocina, un pequeño baño y una cama acomodada junto la pared. Estuve ahí en la cama mirando el techo blanco cubierto mayor parte por hongo, bastante tiempo, luego comencé a pensar qué es lo que haría para sobrevivir, hasta que recordé la plata que había ahorrado para la universidad, era mucha plata, debía admitirlo, quería estudiar en una de las más caras universidad. Quizás si es que trabajaba podría recuperar lo que perdería al sacar ese dinero.
Unos rayos de sol me despertaron por lo que probablemente debería haber dormido un par de horas, la última vez que había mirado la hora en mi celular entes de que se descargara por completo -genial, ¿no?- eran las seis de la mañana... sentí unos golpes en la puerta y rápidamente pensé en lo que Janet me había dicho: "a eso de la nueve de la mañana le traeré el desayuno".
Vi una bandeja en el suelo del pasillo y la recogí. Traía un panecillo y un té junto con algunas cosas para acompañar el panecillo. No había comido desde el día anterior, pero no tenía hambre, deje la bandeja intacto sobre la cama, tomé todas mis cosas y me marche con destino al Banco; un plan tenía en mente...
Hice todo lo que tenía que hacer para poder salir del país y a eso de las cuatro de la tarde iba en un avión con destino a Los Ángeles. Había ido con suerte dos veces -y de pequeña- en mi vida a esa ciudad... Por suerte recordaba algunos sectores en los que solíamos albergarnos - en una alta clase social, para decir-. Ahí encontré unas habitaciones baratas que se arrendaban, le sacaban mucha ventaja a la habitación del motel en que me había quedado la noche anterior. Sara Wells se encontraba en la entrada del edificio; al verme dijo con un pequeño grito -¡mamá te buscan!-
-Hola- dije amablemente y acomodé mis maletas junto a mi
- Sara Wells, un gusto -mostró una sonrisa reluciente-
- Oh, que descortés. Helen Stewart, el gusto es mío- la chica al instante me pareció muy simpática, se mostraba con clase, eso me agradaba ya que yo venía una familia con bastante dinero. Se notaba de misma edad, quizás un poco mayor que yo. Su pelo negro le llegaba un poco mas debajo de los hombros, unos ojos verde claro hacían que mi mirada no pudiera despegarse de la de ella. Con una rápida mirada inspeccioné su ropa, marcas muy caras se distinguían en estas, probablemente las mismas que yo llevaba en mi maleta.- Mi madre ya viene- dijo sacándome de mis observaciones.
-No hay problema- respondí bastante relajada
- Cuéntame, qué hace una chica como tú en un lugar para arrendar habitaciones- preguntó interesada
-Problemas, todo es por problemas...- mi respuesta fue más bien como una queja según como mi voz sonó. De repente una voz femenina se hoyó por dé tras de una puerta -Sara, hija, podrías atender tú, estoy ocupada- La chica con una rápida respuesta afirmó que podía realizar el trabajo
-Ok, veamos- dijo hablando para si misma- ¿Helen Stewart, cierto?
-Si - las piernas me comenzaron a temblar y fue cuando me di cuenta de que era por hambre, no había comido en mas de veinticuatro horas, eso para mí es casi imposible, mis horarios de comida era cada cuatro o cinco horas, estar más de eso sin comer era casi imposible. Me comencé a marear y la recepción parecía que no dejaba de dar vueltas
- ¿Por cuánto te quedarás Helen?- al levantar la vista para ver mi respuesta se dio cuenta de mi aspecto, rápidamente me pregunto si me encontraba bien yo hice el mayor de los esfuerzos para permanecer parada y lo logré. No me gustaba dar lástima a la gente asique lo respondí que me encontraba bien pero ella se dio cuenta de que mentía por lo que sacó una de las llaves que estaban colgadas a su espalda y me condujo hacia una puerta.
Me sentó en una cama mucho más grande que la que había dormido la noche anterior y me dio un vaso de agua.
-¿Cuando decías que estabas aquí por problemas te referías a que estabas esperando un hijo, verdad?- me preguntó mientras acariciaba la espalda con una mano y yo tomaba un trago del vaso de agua.- Lo supongo ya que tu mareo fue igual al de una persona con esas condiciones-
- Oh no, tendré que adelgazar, ¿tan gorda luzco?- le pregunté con cierto tono de gracia
- No, no. Lo siento no quise decir eso, lo siento- respondió apenada.
- No te preocupes, el problema es que no he comido hace bastantes horas... y no estoy acostumbrada. Pero ya me siento mejor, gracias por traerme aquí
- Esta será tu habitación, cuando te sientas mejor me dices por cuánto tiempo te quedaras, ¿te parece?-
-Yo creo que será un largo tiempo, como veras, no cuento con empleo como para poder pagar la universidad y el departamento al mismo tiempo -dije mientras me incorporaba lentamente.
- Ya veo-mostró una cara de comprensión.- Sabes nos conocemos hace prácticamente la nada de tiempo, pero te ofrezco mi departamento como hogar, vivo sola asique una compañía no me vendría nada de mal-.
- No, no podría. Agradezco tu oferta, pero no quiero ser una molestia para ti.- suspiré- Yo me las arreglaré-.
- Vamos, estarás mejor en compañía que sola, dijiste que no contabas con empleo, yo te puedo ayudar en eso..., ven conmigo. Estarás mejor -dijo convenciéndome. Lo pensé rápidamente y la oferta sonaba tentadora, no me pude resistir mucho asique acepté.
- Sara, tienes en frete tuyo a tu nueva compañera de departamento -le comenté felizmente.
-Me alegra. Ahora, venga, llevemos tus cosas a mi departamento, no se encuentra muy lejos.
Sara le dejó una nota a su madre en la recepción, me llevó a su auto -lujoso- y condujo al departamento.
-Lo pasaremos genial, estoy segura- murmuró Sara
-De eso no hay duda, lo que pe preocupa es cómo iré hacer para pagarte el departamento-no mentía. Nunca me gustó depender de la gente y aunque estuviera en una situación crítica iba a llegar a ese punto- Helen, no hay de qué preocuparse. Lo resolveremos juntas...-
En ese momento me largué al llanto, estaba asustada, no conocía nada ni a nadie en esta ciudad. Me sentía desprotegida y sola. Un montón de preguntas pasaban por mi mente y no tenía ninguna respuesta clara ante ellas - Tranquila Helen, lo solucionaremos junta, no hay nada de qué temer- repetía Sara a mi lado mientras aparcaba el auto a un costado del edificio donde se probablemente se encontraba su departamento.
- Gracias -dije en sollozos- Gracias, sentí no se qué es lo que haría - las lágrimas habían dejado de caer con tanta rapidez, ahora su ritmo era un mucho más pausado- No tengo a nadie aquí ni en ¡ninguna parte!, estoy completamente sola... sin nadie -las lágrimas retomaron su ritmo anterior para ahora salir con más fuerza y hacerme sufrir -
- Ya, ya tranquila - mi compañera intentaba consolarme con sus alentadoras palabras pero no eran suficientes- Subamos al departamento y ahí me cuentas todo, ok?
No le respondí pero mi siguiente acción fue lo mismo que un "sí". Bajé del auto con ayuda de Sara que me sujetaba con una mano el brazo y con la otra se volteaba levemente para ponerle seguro al vehículo. Un recepción gigantesca nos esperaba - Buenas tardes señorita Wells- nos recibió un hombre canoso y que según cómo trato a mi amiga se notaba que ya llevaba un buen tiempo trabajando en el edificio.
- Hola, Marcos -
El caballero me quedó mirando por unos minutos mientras cruzábamos la recepción, yo sólo le dedique una sonrisa para no parecer grosera-
El elevador nos llevó rápidamente al séptimo piso, el departamento 703 era el nuestra... cuando entramos a la magnífica habitación las lágrimas ya habían cesado, tanto que ya no corrían por mis mejillas mojadas.
-Woow, tu departamento es hermoso-dije impresionada mientras caminaba en dirección a un ventanal que reflejaba una maravillosa vista -Gracias, ya sabes, decoración de madre-
-Hahah si, lo entiendo- murmuré
- Ahora, ¿me contarás qué es lo que sucede? -me preguntó interesada. Quería contarle qué era lo que realmente pasaba, pero en estos momentos lo único que quería olvidar, asique le hice saber mi opinión en forma de pregunta - ¿Y si lo dejamos para otro día? - al ver que los segundos pasaban y que Sara no me contestaba le especifiqué el por qué- me siento agotada, en estos minutos no creo que sea capaz de contarte todo con detalle, y me gustaría hacerlo así. Asique, ¿qué tal si ahora nos relajamos y no lo sé, es tu casa, qué es lo que podemos hacer? - Le pregunté de manera que pudiera evadir un poco el tema
- Ok, lo primero que aremos es dejar tus cosas en la habitación y luego salir a cenar porque te vez con hambre- la idea era genial por lo que acepté rápidamente - me parece genial, ¿hay algo en lo que te pueda ayudar?
- Cargar tus maletas estaría bien, no sé cómo pudiste andar tu sola caminando con estas dos cosas pesadas-
Era cierto lo que decía, las maletas estaban pesadísimas, ni yo era conocedora de cómo había cargado con ellas.
El departamento según a primera vista contaba con más de 350 m2; caminamos por un pasillo largo donde cada cierta distancia aparecía una puerta. La mía era la última a la derecha, qué puedo decir de ella, ¡era fabulosa!: en balcón decorado con algunos sillones y mesa de centro se encontraba en el extremo derecho para que en el izquierdo fuera ocupado por unas sillitas playeras. Contaba con mi propio baño que tenía un yacusi y una ducha individual -lógico- un espejo que hacía juego con el inodoro. Un closet room estaba con ropa hasta la mitad, Sara me explicó que su closet se había hecho muy pequeño para toda su ropa, por lo que tuvo que ocupar parte de este. Una cama de dos plazas cubierta por un plumón de plumas blanco le daba un toque sencillo pero a la vez elegante.
- Me encanta - murmuré a mi amiga
- Genial, aunque lo siento mucho por la ropa -me comentó apenada
Me quedé sorprendida al ver que se disculpaba por tener ropa en un armario que sería el mío- Pero qué estás diciendo, no tienes que disculparte por nada. Este es tu departamento y tienes derecho a hacer lo que quieras en él-
- Puede ser, pero no lo sé. ¿Sabes algo que me haría sentir mejor? - me preguntó emocionada.
Con la misma emoción que ella había utilizado le respondí - ¡¿Qué?!
-No quiero sonar patuda, pero según cómo estas vestida me dice que tienes unos gustos muy refinados y aparte parecido a los míos. Un compartimiento de ropa no nos vendría mal...
-¡ Ahhh!- puse a gritar igual que una niña- Genial, genial, genial. Me encanta la idea- y sin perder más tiempo corrí a ella para abrazarla. Me seguía preguntando cómo una persona que conoce recién a otra puede quererla en tan escasos minutos.
Un gruñido de mi estómago nos apagó todo el momento- Hhahaha - reímos al mismo tiempo
- ¡Es mejor que vallamos a un restaurant en este instante!
Así fue como lo hicimos, fuimos a un restaurant bastante conocido por cómo llegaba la gente a montones. El ambiente era muy refinado y la mayoría de las personas que asistían eran grandes empresarios según lo que me decía Sara.
Después de estar un par de horas conociéndonos y hablando de cada tema un poco, decidimos que pagaríamos la cuenta entre las dos; aunque me negué varias veces a esa opción. Encontraba que era una frescura aprovecharse así de una persona, pero ella era lo mejor del mundo, sin duda mi mejor amiga, más grande que las de la infancia...

PRIMEEER CAPÍTULOOOO!!
ESPERAMOS QUE LES HAYA GUSTADO, NO SE PREOCUPEN , MUY PRONTO SALDRA NICK!!!!!
¿UN POCO LARGO? HAHAHAH BUENO, PARA QUE LO DISFRUTEN!!
COMENTEN PARA SABER SI LES GUSTO Y PODER CONTINUAR LA NOVE
CARIÑOS A TODAS, LAS QUEREMOS.
XOXO
CATA Y JAVI